martes, 28 de agosto de 2012

Incultura ¿Es la disculpa?

Las posturas radicales, en la vida, la política y el fútbol son como mínimo una estulticia, generalmente producto del déficit cultural que padecemos y que el "gran hermano" alimenta insistentemente.

Siempre oí decir que Franco no lo había hecho todo mal. Evidentemente, algo haría bien, aún siendo un fascista asesino.
Postura radical: "Zapatero no ha hecho nada bien" Esto lo oímos a diario a sabiendas que es imposible, como lo de Franco, pero hay personajes empeñados en repetir la frasecita con la intención de que, repitiendo 100 veces una mentira se convierta en verdad, es claro que el déficit cultural abre las posibilidades de que arraigue esta estulticia. Aquí el tonto es tanto el que la repite, como el que la oye y se la cree, que de ambos bandos ha de venir lo gilí.

Cuando alguien por un enfado debido a dichos, afirmaciones u opiniones sobre otra persona deja de hablar al que afirma opina o dice, sin aclarar nada, es una estupidez por omisión. La evolución humana se basa en la comunicación y en vivir en sociedad ¿Cómo puede ocurrírsele a un miembro de esta sociedad el aislamiento como solución? Una tontería lógicamente.

En fútbol, para ejemplo de gilí están algunos de los denominados "hinchas", es decir algunos de los partidarios entusiastas de un equipo; aunque hay que pensar también que la primera acepción de la palabra hincha es odio, encono, enemistad.

Que alguien se entusiasme con su equipo del alma, es decir que sienta su ánimo fogoso y exaltado y excitado por su equipo no tiene por qué derivar en odio encono y enemistad con el equipo adversario, que no enemigo. Aquí tenemos otro ejemplo de gilipollez extrema el hincha del TAL o del CUAL que se odian recíprocamente, que desean todo mal al otro, aunque no haya competencia entre ellos. Estulted en grado sumo, a estos personajes no les gusta el fútbol, les puede el odio, el encono o la enemistad, que no el entusiasmo ni el fogoso ánimo. Muy tonto es quien produce daño sin obtener beneficio. Todo esto es trasladable al ámbito político.

Convendrán conmigo, si observan a su alrededor, que estamos rodeados de gilipollas, producto del déficit cultural que ningún prócer de la política, la empresa o la universidad, denuncia públicamente con energía. ¿Por qué?