Ser humano, economía, sociedad y naturaleza, no se pueden separar. Por eso el Homo Economicus no existe naturalmente, se inventa y se impone para justificar, cierta, más que Economía, crematística, por la que nos regimos actual e inopinadamente: El capitalismo salvaje, ahora Tecnofeudalismo en su evolución más moderna.
Ese invento, se define como un individuo autónomo racional y enfocado primordialmente a su utilidad personal, eliminando la complejidad natural del ser humano.
Se pretende con él crear una falsa realidad más sencilla, irreal y ocultando aspectos esenciales del ser humano: colaboración, solidaridad, intercambio mutuo y, en fin, la vida en sociedad: "yo soy porque nosotros somos"
Divide y separa lo económico de lo humano y su complejidad y esto nunca es así, porque es imposible. Pero así se apartan de un plumazo todas las posibles economías alternativas al capitalismo, que es quien necesita el inventado homo economicus, y no las dejan entrar en las "Facultades de Crematística" que es como deberían llamarse en lugar de "Facultades de Económicas"
Las decisiones económicas no pueden fundamentarse solamente en motivos económicos, porque hombre, economía, sociedad y naturaleza están unidos y no se pueden obviar relaciones sociales, valores, identidad y, por tanto, el ser humano.
Hay que tener en cuenta al hombre, no solo a parte de él: Homo Economicus, porque existe una naturaleza humana multidimensional, donde intervienen más aspectos que los asignados al inventado homo economicus, como la ética, emociones, comunidad.
Todo esto el capitalismo lo ignora, como ignora el importante trabajo doméstico y de cuidados, lo haga un hombre o mujer, que así debería ser, pero lo ignora igualmente, porque no hay prestación monetaria.
Otro invento, tan dañino y falso como el homo economicus, es darle al dinero la falsa cualidad de valor y por tanto, poder, cuando es un medio de pago, de intercambio, sin valor real alguno.o
Y tiene como consecuencia la creación del parásito negocio financiero, que parasita la economía y forma parte de la más nefasta crematística bancaria, que solo beneficia a los accionistas de las entidades bancarias que viven a costa de la economía de verdad, la productiva.

