No es fácilmente digerible la actitud antisocial y mentirosa de algunos políticos de la derecha, es que, ni comprensible ni disculpable y menos justificable.
No se puede comprender que un político, que es la persona encargada de representar a un determinado número de sus conciudadanos en las instituciones, donde se decide cómo gobernar la nación, implemente medidas políticas que atentan contra un elevado número de ciudadanos que además son los menos favorecidos económica y socialmente, es de una maldad extrema e injustificable, por ejemplo:
Privatizando la Sanidad, la Enseñanza o los Cuidados, cuando se sabe que el acceso a ellas será imposible para una mayoría poblacional, porque el acceso a la curación de graves enfermedades, educación superior o Cuidados intensivos, serán impagables para la mayoría y solo facilitaran servicios baratos y muy rentables para las empresas privadas titulares de la gestión de Educación, Sanidad y Cuidados, que no deberían ponerse en el mercado, pues los pervierte y desprotege a la población y dejan de dedicarse a la satisfacción de necesidades humanas, que es para lo que se crean las empresas, no para que se forre el que aporta capital o financiación, que ambos están siempre muchísimo mejor remunerados que el trabajo, no siendo más importantes.
Tampoco es admisible la política económica, que defiende los intereses de los más ricos estableciendo medidas, para que la, mal entendida, libertad del mercado, pase por encima de los derechos humanos y se convierta la economía en crematística, buscando como único y principal fin de ésta, el beneficio empresarial y financiero, al establecer una remuneración destacadamente injusta entre éstos y la remuneración del trabajo, como dije en el párrafo previo.
De ahí que no permitan, como ya pasa en otros países, que los trabajadores tengan representación en los consejos de administración de las empresas de capital. Por eso la Administración Pública debería apoyar exclusivamente empresas de la Economía Social y Solidaria o de la Economía del Bien Común.
Es decir, economías alternativas al capitalismo salvaje, que mata, como comprobamos día a día y crea una desigualdad social insostenible. No es el sistema económico para la vida, sino para la buena vida de una asquerosamente rica minoría y el resto a trabajar por el caldo, cuando no como esclavos.
Pedir a esos políticos que cambien su actitud, aún por el bien de la mayoría de sus conciudadanos, será imposible o habrá alguna posibilidad.
Si la hay ahí va la petición: ¡Cambien de actitud por un bienestar razonable para todos!



